martes, 22 de mayo de 2012

Estimado(a) ladrón(a):

Estimado(a) ladrón(a), sólo te digo: me robaste la laptop, pero no la sonrisa, con la laptop se fueron mi música, mis fotos, y algunos proyectos; me robaste la tecnología, pero no las ganas de hacerlo todo de nuevo. Además fuiste tonto(a) o bastante flojo (a), porq estando el cargador al lado de la laptop lo dejaste tirado.


Estimado ladrón, sólo espero que hayas robado mi laptop para venderla y que lo primero que hiciste haya sido borrar mis archivos. Al final, además de un daño mi hiciste un favor, porque terminé de abrir los ojos y de cerrar una etapa que hacía tiempo ya quería cerrar.
 
Sólo te digo una cosa más, quien te encubre es igual de delincuente y poca cosa que tú...

domingo, 13 de noviembre de 2011

Buenita

Llevo años viviendo de un mismo estúpido modo. Siendo cortés, respetuosa y considerada, creyendo que porque yo lo soy, los demás tendrán la delicadeza de serlo conmigo. Estúpida, ¿verdad?

Una vez me dijeron: "loca, está bien ser buena, pero no hay que ser buenita". Juro que lo entendí en cuanto lo oí, pero como soy buenita, me ha costado aplicarlo hasta hoy.

Llevo años siendo de tal manera que sólo reporto beneficios para los que interactuan conmigo. Años de ser amable, poco conflictiva, respetando los espacios y lo ajeno. ¿Y me sirvió de algo? Pues no.

Parece que atropellarme se ha vuelto el deporte nacional. Invaden mi espacio, disponen de lo mío, lo que sea, pero ... ¿por qué? ¡¡¡Porque la estúpida nunca se enoja!!!

Si yo respeto a los demás, lo mínimo que puedo exigir es ese mismo respeto para conmigo ¿no?
Llevo años viviendo bajo esa máxima, pero ya me cansé de darme cuenta que no obtendré jamás de los demás la respuesta que espero.

Nadie es como una, y es estúpido pretender que lo sean, ni por compromiso, ni gratitud, ni por amistad ni mucho menos. ¿Se acabaron los días de ser la buenita? Pues sí, ya viene siendo hora.

Si no logro respeto por amistad o por consideración, tendrá que ser porque soy una bruja ¿no? ¿será que ya llegó mi momento de volverme mala y lograr respeto por miedo?

martes, 4 de octubre de 2011

Gente estúpida

Hay personas horribles, y mucho lamento el momento en que entraron a nuestras vidas.

Y por horribles no me refiero al físico, hablo del corazón. Del veneno que les corre por las venas, esperando cualquier oportunidad para convertir lo bello en una horrenda coincidencia.

Hay una lamentable mujercita que pretende dañar a unas de las personas que más quiero. Tiene la raza de culparnos de su suerte, cuando fueron sus propias decisiones las que la llevaron a la madriguera en la que hoy se retuerce.

No voy a enfrentarla porque no voy a bajar al nivel de su callejón. Aún así mis oraciones están con ella porque penosamente - y sólo por lo legal, aclaro - es de la familia.

Escribo esto porque quiero aclarar que nosotros no somos una familia entre comillas, que nuestro afecto hacia ellos es sincero, y que aunque en lo económico no los podemos ayudar, lo hacemos con nuestro apoyo y nuestros rezos.

Valga decir que sus problemas actuales - la falta de dinero y la separación que tanto le duele - ella se los buscó. Berrinche a berrinche se labró ese destino. Qué culpa tendremos los demás.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Con vida

- Si ella se salva, vuelvo a creer en Dios - le dijo G. en el hospital a su mamá.

A los pocos días abrí los ojos una vez más a la vida. El último recuerdo que conservo previo a la aneurisma que tuve es un correo electrónico que envié a un compañero de trabajo. Luego dicen que me desmayé y no desperté. Me llevaron al hospital y estuve dormida por casi 2 meses.

Sólo sé resumir esos días diciendo que toda mi familia rezó por mí, mis amigos más queridos, mis compañeros de trabajo, y hasta gente que no conozco o nunca imaginé se unieron a esos rezos. También tengo recuerdos vagos de sueños y voces.

Recuerdo una mañana en el hospital que me toqué la cabeza y descubrí que tenía puntos. Pregunté a mi hermana qué me había pasado; ella me habló de la delicada operación a la que fui sometida, pero no me habló del paro cardiaco ni de la diálisis a la que me sometieron. Estuve a punto de morir, hasta que desperté a una nueva oportunidad de vida.

Una vez que desperté, los ojos se me habrían cada vez más a medida que me iban contando las historias de todo lo que había pasado. Es difícil creer que estuviste tan cerca de morir y que aún así, sigues viva.

Sobrevivir al hospital es una aventura aparte, pero prefiero no recordarlo.

Quiero creer que si me quedé es porque tengo una misión especial, me da un poco de miedo descubrir cuál es.

viernes, 17 de septiembre de 2010

De chuponeos y chuponeados

Estos días han sido un poco de locura. La campaña electoral sí que quita tiempo. Y como no podía ser de otra manera... la campaña sucia se coló hasta en el más escondido rincón de la ciudad. Carteles rotos, insultos, mentiras, trapitos al aire, filiaciones escondidas, pactos bajo la mesa, tránsfugas, pateadas de tablero y hasta chuponeo. Y claro, nada de eso sería posible sin la gentil y fina colaboración de la prensa local ¿no?

El sacudón electoral de la semana fue un audio en el que una candidata se atreve (vaya osadía) a decir en una conversación privada con un viejo amigo (sin hablar de la calidad del amigo porque me da dolor de estómago) que ya estaba harta de la guerra sucia y que si por ella era podían meterse su alcaldía al poto, así con todas sus letras.
Los golpes de pecho vinieron después. Ohhhh la inmoral Lourdes que se atrevió a decir en privado una cosa así. Personalmente yo he dicho cosas peores en un momento de frustración, y que tire la primera piedra quien nunca haya tenido alguna reacción similar en la privacidad de su hogar. ¿En qué estaba? Ah sí, la reprochable candidata que también había sabido soltar ajos y cebollas.

A la noche siguiente un poco ético periodista justificaba su decisión de difundir el audio porque se sintió en la obligación moral de hacerlo porque, a su "entender", era información que le pertenece al elector. ¿¿¿¿Perdón????

Hasta donde sé, una rabieta en la privacidad de tu casa no constituye un delito, fuera cual fuera el motivo. El delito, o mejor dicho, los delitos están en: 1) Pagar por el chuponeo 2) Chuponear y 3) Difundir el audio obtenido ilícitamente.
Yo no sé si el periodista en mención tiene conciencia que al difundir el audio se hacía cómplice de los chuponeadores. Además, no tenía ninguna obligación moral de difundir nada. En el audio no queda en evidencia ningún negociado, ninguna alianza, ningún arreglo, no hay malversación de recursos ni nada que pudiera afectar los derechos ciudadanos.

Que la candidata haga un berrinche en su casa, conversando con su amigo no la descalifica. Ahora, que ella tiene sus cosas y ha cometido otros errores, sí, y muchos. Ya aprenderá que en la vida no se pone las manos al fuego así no más por nadie.

Igual pienso votar por ella. No porque crea que es la mejor opción, - mi mejor opción tiene 1% en las encuestas - sino porque es la única salida que veo para que no gane la "tía buena gente" a la que sus rojos aliados se han de comer con zapatos y todo cuando se sientan con poder. Y porque si la "tía buena gente" gana, ya veo a varios rojos y rabanitos, o peor aún, a varios chinitos y sus secuaces, celebrando su triunfo en las elecciones del próximo año. ¡Tatito!

viernes, 27 de agosto de 2010

Volver

Yo adivino el parpadeo
De las luces que a lo lejos
Van marcando mi retorno...

El fin de semana que pasó, fue sencillamente mágico. Hice la mitad de lo que quería hacer, vi a la mitad de las personas a las que quería ver, pero sentí... sentí muchísimo más del doble de lo que esperaba sentir.

Volví. Volví a mi tierra, a los míos, a mis raíces. Volví, por pocos días, pero allí estuve, aspirando hondo su aire, sintiendo su sol quemar mi piel. Pero sobre todo, estuve con todos ellos, celebrando. Reímos, lloramos, cantamos, brindamos, recordamos...

Recordamos los días de la casa del Vallecito, frente al parque. La única casa del mundo donde comer quaker era un placer, donde había una nave espacial en el techo que había que reconstruir cada domingo, donde había un pequeño hall que para nuestros ojos de niños era un coliseo, donde cada rincón escondía una aventura.

Pero sobre todo, había dos abuelos. Dos abuelos que sabían convertir las lágrimas en risas, dos abuelos que siempre tenían una historia que contar, y dos abuelos que tenían un closet mágico con miles de secretos en el que nunca pudimos entrar.

La vieja calle donde el eco dijo
Tuya es su vida, tuyo es su querer,
Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver...

Para el cumpleaños 90 del abuelo, sus 19 nietos le regalamos un tango, porque al abuelo le encantan los tangos. Él estaba emocionado, nosotros más. El abuelo siempre fue serio y frío, menos con nosotros. Siempre se deshacía en nuestras manos. Verlo esa noche sentado en su sillón, repitiendo con nosotros las palabras de Gardel, y la sonrisa en sus labios...

No me alcanzan las palabras para explicar esa felicidad, esa nostalgia, esa emoción.

Al terminar la noche, cuando me despedí de él, supo sellar con una sola frase cada sentimiento, cada risa, cada lágrima de ese día feliz: "Me he sentido muy querido", me dijo.
Y sus nietos, bueno, sus nietos llevamos toda una vida sintiéndonos muy queridos por él...

Volver... con la frente marchita,
Las nieves del tiempo platearon mi sien...
Sentir... que es un soplo la vida,
Que veinte años no es nada,
Que febril la mirada, errante en las sombras,
Te busca y te nombra.
Vivir... con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez...

miércoles, 28 de julio de 2010

Querido Perú

He pensado seriamente las razones de por qué te quiero. Y te quiero porque sí.

Por tus aromas, tus colores, tus sabores.

Por tu tierra generosa, tus cálidas playas, tus ricas montañas y tu selva profunda. Te quiero por la riqueza que late en tu vientre y por la pobreza que estalla en tus cumbres. Te amo por tu música, tus máscaras y por tus bailes sin zapatos. Por tu carnaval, tu marinera y tus caballos de paso.

Te quiero también por el rojo sangre de tu bandera, por el mar canela en tu cordillera, por el azul intenso de tu cielo.

Por tu historia, por tus poetas, por sus versos. Por tus canciones.
Por los espejos de agua en tu suelo, por tu mar helado, tus ríos y tus nevados.

Por la chicha morada y la chicha de jora.

Te quiero Perú por muchas razones, pero sobre todo, te quiero porque creo en tí. ¿Es extraño verdad? Cómo creer pese a lo que vemos a diario. Los noticieros no son en verdad tu mejor carta de presentación. No voy a enumerar la lista de tus defectos, porque son muchos y son mi día a día, incluso puedo ser parte de ellos. Pero hoy no.

Hoy sólo quería decirte que creo en tí, que me estremece la piel cada palabra del somos libres, porque creo en esa libertad, porque sé que hay un futuro. Sólo hay que cuidar tus pasos. Entonces me pregunto ¿seremos tus peruanos capaces de llevarte por un buen camino? ¡nos hemos ya equivocado tanto! ¿repetiremos la historia?

Dicen que el pueblo que olvida su historia, está condenado a repetirla. Yo la tengo bien presente, pero en verdad... no sé si todos la tengan igual de presente. ¿La tendrán? ¿La tendrán? A veces siento que no. Habrá que hacer que lo hagan... Difícil, pero: yo creo en tí. ¿Crees tú en nosotros?

sábado, 17 de julio de 2010

Taladrando ideas

Están haciendo reparaciones en el piso de abajo. No me molestaría si no tuviera que oir el mismo escándalo los 7 días de la semana. No paran ni el domingo y vamos ya tres semanas viviendo al ritmo de taladros, martillazos y golpes.

¿Resistiremos?

A decir verdad, no lo creo.

Estaba intando hacer un curriculum esta mañana, con todas esas cosas nuevas en las que debes marketearte a ti misma convirtiendo las debilidades de tu FODA en fortalezas y oportunidades. Nunca he sido buena para promocionarme. Menos si hay un ruido permanente taladrándome el cerebro.

A N., mi compañera, parece no molestarle. Duerme plácidamente y no consigo entender como lo logra. M. mi compañero, está de viaje. Ahora pienso en que yo también debi hacerlo. Escapar de este ruido. Aunque pensándolo bien, hay otras cosas de las que necesito escapar y para eso, debo permanecer aquí, terminando un CV que resulte marketero y vendedor sin ser una bomba de vanidad y autosuficiencia. ¿Existe un equilibrio? No lo sé, intento descubrirlo. Debe estar escondido en alguna parte, pero la bulla me hace imposible la búsqueda.

Fui por café unos minutos. El ruido continúa. Tal vez deba bajar a pelearme con el dueño y soltar un par de gritos para liberar estrés. Claramente, no será una de las virtudes que incluya en mi CV.

lunes, 5 de julio de 2010

Historia del hombre pequeño

Había una vez un hombre pequeño. Era grande pero pequeño. Ambicioso, pero pequeño. Quería ser grande, llegar muy muy lejos. Pero sólo era un hombre pequeño.
Sus manos eran hábiles y fuertes para trabajar, pero torpes para transmitir afecto y demasiado frías para acariciar. Y no es que no supiera acariciar, es sólo que sus caricias nunca decían nada.

Era un hombre pequeño.

Sus ojos habían visto muchas cosas, muchas luces, puertos y ciudades, colores indescriptibles, desfiles incontables; había visto tanta cosas, pero nunca vio el amor, incluso cuando lo tuvo cerca. No lo vio ni cuando creyó tenerlo.

Sus pies lo habían llevado tan lejos. A recorrer desiertos, a explorar volcanes. Lugares de sol abrasador que nunca llegaron calentar su corazón ni su alma.

Había una vez un hombre pequeño que quería llegar lejos, y sabía que iba a llegar lejos. Llegó tan lejos y a tantos lugares. Con tantas historias que contar, cargadas de tanto conocimiento. Porque le gustaba saberlo todo, conocerlo todo aunque fuera pequeño. Lo sabía todo y tenía historias fantásticas de aeropuertos y puentes y hoteles y vuelos, de tradiciones, de comida, chocolates y vientos, de música, pintores, operas y conciertos, de historia, de gente, de vivos y muertos. Historias como él, sin amantes ni besos. Historias cargadas de información, de tanta teoría llevada al ejemplo, todas perfectas, encajadas en el espacio y el tiempo. Sin pasiones, ni arrebatos, milimétricamente planeadas, sin impulsos ni versos.

Había una vez un hombre pequeño. Pequeño, pequeñito como su alma sin heridas ni huellas, perfectamente protegida, escondida en algún lugar del tiempo. Sus manos, aunque fuertes y decididas, guardaban siempre silencio. Sus labios suaves, no probaron el amor ni sintieron sus texturas. Cada vez que lo tubo en frente, lo tragó de golpe, sin al menos masticarlo o siquiera saborearlo. No conoció ni sus alegrías ni sus penas, ni sus momentos dulces, ni sus momentos amargos.

De la vida sabía mucho, del mundo sabía tanto, pero no sabía amar, al menos a nada ni nadie que no fuera él mismo. Por eso se quedó pequeño. Y sigue pequeño, esperando crecer algún día. Ojalá logre hacerlo.

domingo, 2 de mayo de 2010

Indestructibles

Al bajón del fin de semana anterior le siguió una sensación completamente distinta.

Después de tantas cosas malas que han pasado, entre las que cuento separaciones y pérdidas irreparables, esta semana ocurrieron cosas buenas.

Por no perder la costumbre, debo decir que la semana la pasé comentando licitaciones, muelles, y candidaturas electorales que comienzan a definirse.

Pero a esas historias debo añadir una caminata y 3 personas: D., G., y B.

Ellas están en la lista de personas a las que más quiero en el mundo, son mis hermanas del alma. D. es mi amiga desde que tengo memoria, somos amigas inseparables desde siempre. B. es también una amiga de toda la vida, la tengo presente en los recuerdos de mi época adolescente, tal vez un poco antes. Y G., ella apareció en mi vida capitalina en el mejor momento, cuando comenzaba esta etapa temerosa, incluso de mí, con mucha gente alrededor pero con pocas personas reales. En momentos distintos de la vida, estas tres presencias han sabido acompañarme y aconsejarme. Me han hecho reír, han guardado silencio para dejarme llorar, y me han abrazado siempre que ha sido necesario.

Por cruces del destino y la vida, he logrado reunir a estas tres amistades en una sola mesa y hemos formado un frente común: el nuestro.

Anoche, D., B., G., y yo fuimos al centro de Lima. Dimos algunas vueltas y nos sentamos en la barra de un bar. Tres pisco sours después, nos recuerdo a las cuatro marcando un mismo paso, caminando por el Jirón de la Unión, riendo, conversando, cantando, pero sobre todo riendo. Parecía que nada en el mundo podía detenernos. La gente que íbamos dejando atrás desaparecía al ritmo de nuestros pasos, y los que teníamos enfrente, parecían bailar al compás de nuestras risas. Formábamos un sólo bloque, fuerte, indestructible, imparable. Nada podía detenernos.

No sé si me explico. Lo que quiero decir es que sentí una fuerza tan real que venía de ellas y salía de mí. Me sentí tan segura, tan contenta, tan agradecida de saberlas allí. Porque están allí, siempre estarán allí para mí como yo para ellas.

Cuando volví a mi casa, apagué la luz, cerré la cortina y me dispuse a dormir. Cuando desperté el domingo, recordé la noche anterior y sonreí.

Hay cosas en la vida que no puedo explicar, pero tampoco necesito entenderlas. Me basta con saber que están, y sólo me queda desear con todas mis fuerzas que sea para siempre...

miércoles, 7 de abril de 2010

Aprendizaje (sí, como la canción)

Las últimas semanas han sido de trabajo duro. De eso, y de conocer gente nueva, la mayoría en la oficina. Y eso está bien, claro, de no ser por cuánto me cuesta aprender los nombres de las personas nuevas y por la facilidad que tengo para confundirlas.

A eso, se le sumó un nuevo conflicto en el acontecer nacional.

El fin de semana el sur se agitó, de nuevo por intereses políticos. Mineros informales tuvieron la genial idea de tomar una carretera en Arequipa.

Es sólo que no me cabe en la cabeza la posición de esta gente. Son informales, no pagan impuestos, es obvio que sus trabajadores no tienen muchos beneficios, por no dejar de hablar de la contaminación que producen, de la explotación y la prostitución que el oficio conlleva. Aún así tuvieron a bien bloquear vías en contra de una disposición que lo que pretendía era formalizar la minería. Y que en verdad, no era para ellos sino para ordenar la minería en Madre de Dios, pero que a mi modesto entender debería aplicarse en Arequipa también. Claro que es necesario ordenar la minería informal en todo el país. Pero, algunos iluminados no piensan en el país y me atrevería a afirmar que la mayoría sólo piensa en sus mezquinos y angurrientos bolsillos.

Esta tarde, sin embargo, hubo humo blanco. El Gobierno anunció que los mineros accedían a levantar su paro y que se formaría una comisión que vea la formalización progresiva del sector. Horas antes ya habían desbloqueado las carreteras, pero dada la cercanía de la campaña electoral, me gustaría saber cuanto durarán así.

De hecho, me gustaría saber muchas cosas, aunque sé que muchas aún no terminan de descifrarse ellas mismas y que es bastante pretencioso de mi parte el querer entenderlas tan pronto. Es solo que demasiadas cosas han pasado en los últimos meses. Qué año movidito.

Por ahora en casa, me dedico a aprender a vivir con M. el nuevo compañero. Nunca había vivido con un chico antes. Jamás. Mi casa de niña fue un matriarcado: mi mamá, mi hermana y yo. Y el molde se repitió en los otros lugares donde viví, siempre compartiendo con amigas.

En mi nuevo lugar hay un masculino. Llegó hace dos semanas.

N. - la nueva compañera - lo conocía de antes, mientras que para mí fue absoluta novedad.
Por ahora intento asimilar la idea de que verlo en calzoncillos de casualidad algunas mañanas no es lo mismo que verlo en bolas y que no debo ponerme roja cuando eso sucede. ¿Algún otro tip?

lunes, 22 de febrero de 2010

Depa nuevo


Ayer, después de días de espera, pude dormir al fin en mi departamento nuevo. Estoy feliz. La prisa por salir de mi sitio anterior - que en realidad nunca sentí mío - me llevó a una mudanza apresurada en la que los antiguos habitantes aún habitaban el lugar.

Sí. Ocurre que había un acuerdo con mi nueva compañera y sus ex compañeros. Ellos se irían el mismo día que yo iba a llegar, pero ocurrió que faltando dos días para mudarme, avisaron que no habían encontrado otro lugar. Yo no quería quedarme en mi antiguo lugar, ya había dicho que me iba a fin de mes, y no tenía ganas de prorrogar ese plazo. Si hubieran vivido con mi ex compañera entenderían por qué.

Mi nueva compañera propuso una solución: "múdate por una semana al piso de arriba con mis tías, el próximo fin de semana se van y podrás instalarte". El plan se oía genial, una semana era nada. Pero de pronto, 'nada' se convirtió en tres semanas. Tres semanas de vivir en medio de cajas y con una maleta de ropa en la que tenía todo previsto para una semana y tal vez algo más.

Pero todo tiene un lado amable ¿verdad? El lado amable esta vez fueron tres graciosas señoras que tuvieron a bien acogerme mientras 'nada' duraba. Sentí que de vivir con la madrastra de Cenicienta había pasado a vivir con Flora, Fauna y Primavera, pero no en medio del bosque sino que en pleno corazón de Miraflores.

Ayer, cuando iba a visitar a mi familia, la nueva compañera llamó para dar el aviso que tanto esperé: "Se mudan hoy". ¡Gracias nueva compañera, gracias!
Toda la tarde me la pasé bajando bultos y desarmando cajas. Aún quedan muchas más. Queda demasiado por hacer en el nuevo lugar, pero lo rico de todo este asunto es que es mi lugar. Lejos de la bruja malvada y vecina de Flora, Fauna y Primavera.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Sánchez

Por algún motivo el fragmento a continuación me hace pensar en él, sólo en él, no en mí, no en los dos, no en lo que pudimos ser, sólo en él. De algún modo, todos tenemos o hemos sido una Manuela Sánchez alguna vez. No tengo más que decir.

“(…) eran las tres menos cuarto cuando se despertó empapado de sudor, estremecido por la certidumbre de que alguien lo había mirado mientras dormía, alguien que había tenido la virtud de meterse sin quitar las aldabas, quien vive, preguntó, no era nadie, cerró los ojos, volvió a sentir que lo miraban, abrió los ojos para ver, asustado, y entonces vio, carajo, era Manuela Sánchez que andaba por el cuarto sin quitar los cerrojos porque entraba y salía según su voluntad atravesando las paredes, Manuela Sánchez de mi mala hora con el vestido de muselina y la brasa de la rosa en la mano y el olor natural de regaliz de su respiración, dime que no es verdad este delirio, decía, dime que no eres tú, dime que este vahído de muerte no es el marasmo de regaliz de tu respiración, pero era ella, era su rosa, era su aliento cálido que perfumaba el clima del dormitorio como un bajo obstinado, con más dominio y más antigüedad que el resuello del mar, Manuela Sánchez de mi desastre que no estabas escrita en la palma de mi mano ni en el asiento de mi café, ni siquiera en las aguas de mi muerte de los lebrillos, no te gastes mi aire de respirar, mi sueño de dormir, el ámbito de la oscuridad de este cuarto donde nunca había entrado ni había de entrar una mujer, apágame esa rosa, gemía, mientras gateaba en busca de la llave de la luz y encontraba a Manuela Sánchez de mi locura en lugar de la luz, carajo, por qué te tengo que encontrar si no te me has perdido (…)”.


Tomado de "El otoño del patriarca" de Gabriel García Márquez.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Salvemos la feria


Desde que estoy en Lima, hay dos acontecimientos en el año que simplemente me encantan y no me puedo perder.

El primero es la Feria Internacional del Libro que se hace a medio año. Es un evento en grande, en enorme, que simplemente no me pasa por la cabeza dejar pasar. Adoro perderme en los interminables stands de libros y libros, llenos de colores y datos, historias, fotos e información.

El segundo, es la feria del libro Ricardo Palma, que cada diciembre se realiza en el parque Kennedy de Miraflores. O mejor dicho, se realizaba.

La Cámara Peruana del Libro informó que el municipio miraflorino "negó el permiso a los organizadores de la más antigua feria del libro en el Perú", y se los negó "por cuestiones de orden urbanístico y ambiental". Plop.

Pero además, los iluminadísimos propusieron que la feria se haga en un ambiente cerrado en la Avenida del Ejército. Doble plop.

El encanto de la Feria de Ricardo Palma, al menos para mí, es precisamente su ubicación. La hace más acogedora, más familiar, más al alcance de todos, porque está allí: Al pie de la iglesia, en medio del parque. Si vas de día, puedes sentir el sol en la piel; si vas de noche, puedes ver las estrellas (porque es en verano, y ocurre que en verano se pueden contar algunas estrellas en el siempre gris cielo limeño).

Siempre ha sido allí, y no recuerdo haber visto durante esos días algún caos o desorden en el tráfico que no sea el habitual en la zona. El orden urbanístico y ambiental me suenan a pretexto, pues la feria no trae ni tráfico ni contaminación. En verdad no entiendo por qué al señor Masías y su séquito se les ha ocurrido mover la feria de su lugar.

Ahora... ¿quién podrá ayudarnos?

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ardillazos

Siempre pensé que las ardillas eran sólo unos bichos simpáticos, que veía - como una especie de acróbatas equilibristas - cruzar a toda velocidad por los cables de la luz que pasan frente a mi ventana en la oficina. Jamás pensé que fueran una amenaza, hasta ayer...

- Mañana llega mi mamá, ¿cuál era el número del taxi que fue al aeropuerto la otra vez? La pucha, dejé la computadora prendida. Seguro Luis la apaga, ojalá. Mañana hay que llamar al tipo de prensa, la agenda la agenda, toda la vida lo mismo. ¿Con quién hay que hablar en ese lugar para que nos incluyan en su agenda? ¿Habrán pagado? Mañana paso al banco. Hay que pagar el alquiler y el seguro médico. La cuota de la tarjeta de crédito... ¡Mierda! ¡¿qué fue eso?!

Iba caminando por San Isidro, pensando en mil cosas a la vez, de pronto un bulto pequeño - como un zapato - cayó a peso muerto, a escasos 5 pasos de mis pies.

- ¡Mierda! ¡Qué susto, por Dios!, ¿qué fue eso? - me pregunté con el corazón latiendo a mil, esperando alguna respuesta del bulto con cola larga y peluda que acababa de caer de un árbol.

Aún tenía el corazón acelerado cuando una ardilla atontada se sacudía a 5 pasos de distancia y corría a toda velocidad para subir de nuevo al árbol del que acababa de caer.

- Caen ardillas de los árboles, las ardillas se caen de los árboles. Cinco pasos más apurada y la ardilla me caía encima. Las ardillas caen de los árboles. Mejor voy por la vereda de enfrente; sin árboles no hay ardillas.

En verdad ¿a quién se le va a ocurrir que una ardilla te puede caer encima? Una ya camina lo suficientemente estresada por las calles limeñas, atenta a si te siguen, atenta al cruzar la pista, atenta al semáforo, a la gente, a los huecos en la vereda, a los chicos que corren, a los autos, a los perros, a todo. Ahora tengo una más en mi lista: atenta a los árboles con ardillas.

¿Qué tan común puede ser que una ardilla te caiga desde un árbol? ¿Qué más te puede caer de un árbol? Claro, ya sé. Un pájaro te puede regalar con algo, pero no es lo mismo, el pájaro te embarra no te cae encima. Como sea. De ahora en adelante ¡OJO con las ardillas!

lunes, 31 de agosto de 2009

Café de viernes por la noche

Muchas cosas marcaron la semana pasada. Sin embargo una llamada y un café la noche del viernes fueron suficientes para despejar las ideas y pensamientos, que se mezclaban en mi cabeza con una agilidad envidiable.

Los dimes y diretes de la Unasur fueron parte de la conversación en la mesa más escondida de un café chiquitito en Miraflores. La suerte de guerra fría que vive América Latina - entre carreras armamentistas y crisis diplomáticas - y claro, la salida al mar boliviana y el supuesto "pacto bajo la mesa" del que habla García. Aunque a mi modesto entender, García no dijo nada que ninguno no haya supuesto antes. Los constantes ataques de Evo y su oposición a la demanda en La Haya - que según dice frustra sus posibilidades de salir al mar - lo hacían evidente.

Pero claro, hubo otros temas: Un atentado narcosenderista que terminó con la vida de dos valerosos soldados, esta vez en Junín, y que una vez más, llevó a los brillantes desentendidos políticos peruanos a descargar su artillería contra presidentes y ministros. El médico de Michael Jackson y la fotogénica ardilla que recorre Internet también llegaron a nuestra mesa.

Poco a poco la conversación se fue centrando en nosotros dos. Los viajes pendientes, historias de vida y vidas pasadas, deyavús... (así se escribe?), planes y las penas que nos habían llevado a sentarnos en ese café, que un par de horas antes no estuvo ni en la menor de mis intenciones. Esa tarde llegué de la oficina directo a mi pijama, una caja de tissues, una mala película y los revoltosos pensamientos que no dejaron de dar vueltas en mi cabeza hasta que el timbre del celular, refundido en lo más profundo de mi cartera, rompió el silencio que tenía de fondo el ruido del televisor.

No tuvo que insistir mucho para convencerme de dejar el mal ánimo que me tomó por asalto toda la semana. De pronto estábamos allí, tratando de reir, o sólo riendo. No recuerdo que doliera mucho.

A la mesa del café le siguió un pequeño paseo a pie. Ya no sentía la misma tristeza que me había llevado a cucharear un capuccino y a casi probar unas tostadas con chocolate. Sólo consigo recordar la bulla de la noche barranquina desapareciendo de mi mente mientras nos besábamos al pie de un poste que, con su tenue luz, nos alumbraba tímidamente.

Quiero más cafés como ése.

jueves, 27 de agosto de 2009

Empezando...

Comienzo este blog con la firme intención de hacer catarsis. Vamos a sacar por escrito esas cosas que retumban en la cabeza y - a veces - también en el corazón.

Todo repique estará acá, preguntas, dudas y respuestas. Porque a pesar de los años, nunca se deja del todo de ser nueva en una ciudad tan ajena, como Lima la gris.

No es que no me guste Lima, es solo que no la entiendo y la mayor parte del tiempo, ella no me entiende a mí...

Saludos.